lunes, 6 de diciembre de 2010

MARGARET Y FRANCES MCDONALD



Las hermanas Margaret y Frances Macdonald trabajaron en Escocia junto con Charles Rennie Mackintosh y su amigo Herbert MacNair a principios del S.XX, formando el grupo de los “Cuatro”, que trabajó desde 1900 a 1928 y estableció los primeros impulsos para el renacimiento del diseño y de la arquitectura en todo el mundo. Los cuatro realizaban composiciones gráficas y proyectos de interiorismo y de arquitectura, combinando las líneas curvas de la espiritualidad, con la pureza de la abstracción, utilizando la naturaleza como fuente de inspiración.


Muy pocos saben que fue Margaret quien, entre otros muchos diseños, dibujó las rosas que incorporaron posteriormente en muebles, vidrieras, verjas y otros detalles. Su delicada sensibilidad se hace presente en las estancias interiores de sus edificios, atribuidos -hasta hace bien poco- exclusivamente a su compañero. En sus proyectos más conocidos como son la Casa de la Colina, la Escuela de Artes o la Casa de Te, (todas en Glasgow) diseñaron juntos hasta el último detalle del mobiliario: lámparas, mesas, camas, etc y en el salón de te, incluso las mantelerías, los menús y los uniformes de los camareros.

Trataban las habitaciones de sus edificios como si fueran en sí mismas proyectos completos: así las sillas se acomodaban a la proporción de las ventanas, relacionándose con las chimeneas, con los armarios o con las camas. Margaret se encargaba, además del diseño general, del estampado de las tapicerías, que armonizaban con los tiradores o con los cajones, con los colores de las vidrieras o con la forma de las lámparas. Una concepción INTEGRAL en el diseño de la arquitectura capaz de proporcionar a sus moradores un equilibrio vital, una sensación de armonía, de serenidad... de paz interior


Es importante valorar el trabajo de Margaret y Frances MacDonald dentro del contexto conservador de la Inglaterra de finales del XIX, en el que Ruskin, uno de los pensadores y críticos de arte más reconocido del momento, escribe: “La educación no debe ir encaminada al desarrollo de la mujer, sino a la renuncia a sí misma. Mientras que el hombre debe esforzarse por profundizar sus conocimientos en todos los campos de lo cognoscible, la mujer ha de limitarse a adquirir unas nociones generales de literatura, arte, música o naturaleza. [...] El hombre es sobre todo un crea­dor, un defensor. Su intelecto le predestina para la especulación y la invención; su energía, para la aventura, la guerra y la conquista. Las tendencias de la mujer se desarrollan, en cambio, en el mantenimiento del orden, no en la batalla; su lugar está en la casa, donde ella es la reina."


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